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07/02/2005
Mientras por competir
Mientras por competir con tu cabello,oro bruñido al sol relumbra en vano;
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente el lilio bello;
mientras a cada labio por cogello,
siguen más ojos que al clavel temprano;
y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello:
goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en edad dorada
oro, lilio, clavel, cristal luciente,
no sólo en plata o viola troncada
se vuelva, mas tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.
Luis Góngora
Aqui tenemos la poesía en su estado más perfecto. Aquí el soneto alcanza su mayor perfección y belleza. Y Góngora hace tiempo que lo escribo, allá por los siglos que España todavía amenazaba al mundo pero empezaba a desquebrajarse. Ya ha llovido mucho desde aquello, pero creo firmemente que aquella época fue la mejor de la literatura española. Fue el Siglo de Oro: Cervantes, Calderón, Lope de Vega, Quevedo, etc. En fin, caviar del bueno.
Y no sólo por su perfección de estilo me gusta, sino por el tema a tratar: el tópico latino del carpe diem. Y lo trata de manera distinta a como por ejemplo lo hizo tiempo antes Garcilaso de la Vega (que pronto hablaré de ese poema). Sigue hablando de la juventud como divino tesoro, de aprovechar el tiempo presente, de gozar de la belleza. Y sin embargo, no elude el fin, no elude que la belleza se terminará, que un día todo se apagará y se convertirá en ... nada.
Dicen los críticos que Góngora no es un poeta crítico, que su intención es edificante. Que don Luis nos muestra la realidad, que queramos o no nacemos para morir, que todo tiene un fin.
Y por eso me gusta este poema. Porque no es un canto a la vida, no es un canto a que la vida es hermosa.Sí lo hace, pero nos advierte. Vive pero piensa. Y me parece actual este poema, aunque sea poco conocido o leído. Vivimos en un mundo de oda al presente, de vivir el momento, de desgastar nuestras energias en la juventud, en olvidar que somos mortales, de despreciar la vejez. Y también en deslumbrarnos con nuestra belleza, en nuestra juventud, en no querer ser viejos. Es el mundo de la belleza exterior.
Y sin embargo el tiempo pasa, y de nuevo el presente es pasado. Y la belleza juvenil se convierte en las arrugas vetustas.
Y queramos o no, un día nos moriremos.
28/01/2005
Mar adentro
Mar adentro, mar adentro,y en la ingravidez del fondo
donde se cumplen los sueños,
se juntan dos voluntades
para cumplir un deseo.
Un beso enciende la vida
con un relámpago y un trueno,
y en una metamorfosis
mi cuerpo no es ya mi cuerpo;
es como penetrar al centro del universo:
El abrazo más pueril,
y el más puro de los besos,
hasta vernos reducidos
en un único deseo:
Tu mirada y mi mirada
como un eco repitiendo, sin palabras:
más adentro, más adentro,
hasta el más allá del todo
por la sangre y por los huesos.
Pero me despierto siempre
y siempre quiero estar muerto
para seguir con mi boca
enredada en tus cabellos
Ramón Sampedro
De nuevo Ramón Sampedro. Y es que, como os habéis dado cuenta, este personaje lo considero bastante importante. No sólo por su lucha, por su anhelo de libertad. He hablado anteriormente de él, pero me he visto obligado a volver a hacerlo.
Éste es, por supuesto, el poema que da nombre a la película. También he hablado de la película. ¿Y qué es nuevo en este post? Pues nada, y todo. Que cuando escuchas este poema de la voz de Javier Bardem (en la película) algo te recorre el interior, un deseo de trasladarse, de olvidar, de sentir.
No sé que más decir, no tengo hoy ilusión para comentar este poema, pero he tenido ganas de transcribirlo, de volver a leerlo. Y lo he hecho porque cuando vi esta película me recordó mucho todo aquello que había vivido con mi padre, a pesar de que tuvimos nuestros mas y nuestros menos (como todo padre e hijo). Porque cuando te das cuenta de que algun ser querido se muere, deseas ardientemente despertarte y que se termine la pesadilla. Porque en fin, Ramon Sampedro ha tenido mucha influencia en mi, porque he aprendido mucho con él y porque me senti (perdon por el atrevimiento) como si fuera mi padre, como si yo fuera el hijo que él nunca pudo tener y él fuera el padre que nunca pude tener.
La ilusión, el sueño, siempre ha formado parte de mi vida.
26/01/2005
El descanso
Para mí la muerte, juez
no es como para ti, un horror
un miedo, espanto
a un putrefacto cadáver,
y carne descompuesta.
La muerte para mí es un ansia,
un tierno deseo de quien está cansado
y busca una amable y fresca sombra
para dormir un sueño (1)
Éste es, como algunos supongo ya habrán adivinado, un poema de Ramón Sampedro. De nuevo Ramón Sampedro ha llamado a mi puerta, a mi corazón y me ha despertado. Es tremendo, como éste hombre, tetrapléjico, inmóvil tenía una aureola y carisma que impregnaba a todos: su cuñada, hermano, padre, sobrinos, periodistas, visitantes y algunas amigas (como Ramona Maneiro).
Mar adentro lo ha hecho si cabe, más famoso. Pero Ramón Sampedro era ya alguien antes de la película, con ese memorable reportaje para Linea 900 en el que pedía, incluso suplicaba, su muerte. Pero no muerte, como bien dice en este poema, como la podemos ver nosotros; es una muerte salvadora, una muerte que lo lleve de su cama, de su prisión y, volando, a través del mar, lo deje en un lugar bonito (quizas el paraiso) para descansar, para dormir.
Hace años, cuando lei el libro de Ramon Sampedro y lei este poema, no entendi la alegoría del sueño. ¿Por qué a dormir? Pero con el paso de los años, me he dado cuenta de por qué lo dice, porque habla de ese descanso. En aquellos años pensaba que después de la muerte habría otro mundo, algo más; no entendía que mi vida se terminaría con ésta, me sentía estafado.
Pero los años han pasado, y ahora tengo otra perspectiva. Me sigo sintiendo estafado con este mundo (ahora por otras razones), pero no pienso que habrá después de la muerte. No creo en el más alla, no creo que haya nada más que la muerte misma, el descanso. El descanso parecido a las horas de sueño sin sueño, sin nada, vírgenes.
(1) Cartas desde el infierno Ramón Sampedro
no es como para ti, un horror
un miedo, espanto
a un putrefacto cadáver,
y carne descompuesta.
La muerte para mí es un ansia,
un tierno deseo de quien está cansado
y busca una amable y fresca sombra
para dormir un sueño (1)
Éste es, como algunos supongo ya habrán adivinado, un poema de Ramón Sampedro. De nuevo Ramón Sampedro ha llamado a mi puerta, a mi corazón y me ha despertado. Es tremendo, como éste hombre, tetrapléjico, inmóvil tenía una aureola y carisma que impregnaba a todos: su cuñada, hermano, padre, sobrinos, periodistas, visitantes y algunas amigas (como Ramona Maneiro).
Mar adentro lo ha hecho si cabe, más famoso. Pero Ramón Sampedro era ya alguien antes de la película, con ese memorable reportaje para Linea 900 en el que pedía, incluso suplicaba, su muerte. Pero no muerte, como bien dice en este poema, como la podemos ver nosotros; es una muerte salvadora, una muerte que lo lleve de su cama, de su prisión y, volando, a través del mar, lo deje en un lugar bonito (quizas el paraiso) para descansar, para dormir.
Hace años, cuando lei el libro de Ramon Sampedro y lei este poema, no entendi la alegoría del sueño. ¿Por qué a dormir? Pero con el paso de los años, me he dado cuenta de por qué lo dice, porque habla de ese descanso. En aquellos años pensaba que después de la muerte habría otro mundo, algo más; no entendía que mi vida se terminaría con ésta, me sentía estafado.
Pero los años han pasado, y ahora tengo otra perspectiva. Me sigo sintiendo estafado con este mundo (ahora por otras razones), pero no pienso que habrá después de la muerte. No creo en el más alla, no creo que haya nada más que la muerte misma, el descanso. El descanso parecido a las horas de sueño sin sueño, sin nada, vírgenes.
(1) Cartas desde el infierno Ramón Sampedro

