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La luna

TN_luna .JPGSiempre me ha gustado la luna. Me parece una ser extraordinario, un ser que vuela por encima de nosotros durante toda la noche y que día a día cambia su forma.

Me gusta la luna llena, la luna en su mayor plenitud, cuando más brilla y su luz ilumina mi camino durante la noche. Es lo más cercano que los seres humanos podamos alcanzar, y sin embargo, sigue siendo enigmática. Por eso me gusta, porque es escurridiza, rebelde, solitaria. Pero también es un cúmulo de saberes que durante siglos hizo soñar a muchos seres humanos, desde Julio Verne hasta la guerra espacial de los años 70. Y sin embargo, nada más se sabe de ella. O dicho de otra manera, todo el mundo la ve pero nadie se preocupa por ella, nadie intenta averiguar por qué está ahí todas las noches, por qué un día no se va y nos deja. Nadie se daría cuenta, nadie echaría de menos a un ser callado en un mundo ruidoso.

Todas las miradas están puestas en Marte, en Titán, en otros seres más lejanos aún y que sin embargo, nunca hemos pisado. Y hace muchos años que nadie pisa la luna, concretamente desde los 80 (la expedición del Apolo XIII), y según las malas lenguas aquel viaje descubrió enigmas que a asustaron a los ojos humanos.

Pero a mi me sigue gustando la Luna, porque cuando era pequeño viera desde donde la viera, estaba allí, estaba cerca de mí. Y porque la asociaba a la soledad, al misterio, al quizás y también a la tristeza. Y años después, cuando García Lorca apareció entre mis lecturas, cuando sus símbolos hicieron luz a mi avidez lectora, descubrí con que la asociaba.

Y me gustó más, me apercibí de que aunque esté sola allí arriba, no tiene nada que envidiar a nadie. Que siempre está ahí, que nunca se rinde y aunque parezca que todo el mundo la olvide (salvo para rídiculos nombre de muñecos en la tele), todas las noches aparece.

Nunca se rinde, y cada 28 días cumple su ciclo. Sigue su vida.

Y cada vez que estoy mal, que me siento mal que tengo ganas de dejarlo todo, pienso en cuando era pequeño y la luna me seguía a todos los lados. Y yo era feliz, porque pensaba que la luna era mi amiga, y si bien era de día, allí estaba.

Gracias, luna, por ser mi amiga y apoyarme siempre.
15/02/2005 23:24

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Autor: moni

Si la niebla se esfuma,
¿Qué otra pasión me espera?
¿Será tranquila y pura?
¡Si mis dedos pudieran
deshojar a la luna!

Federico García Lorca

Fecha: 16/02/2005 19:17.


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