Dos horas de felicidad
Y sin embargo, lo más importante fueron los momentos de mirarnos a los ojos, de descubrir nuevos gestos, nuevos silencioes, nuevos momentos. Y disfrutar de nuestra mutua presencia, de la sensación de que los dos estamos en una misma órbita, de que a pesar de nuestras diferencias (grandes y dificiles) todavía podemos disfrutar de un cafe y de una saludable amistad.
Y yo hacía tiempo que no disfrutaba de ese momento, de la felicidad de que alguien me escuche, me cuente sus cosas y sobre todo esté junto a mi. Porque son esas cosas las que uno valora, las que uno desea tener para siempre. Uno anhela mantener una amistad, tenerla para siempre y que no se escape.
Pero también a veces he pensado, amiga, que quizás nuestros sentimientos se pudieran mantener en otro planeta, en un planeta en el que el amor (la amistad ya es amor de por sí) tenga hegemonía. Quizás mis ilusiones sean vanas, o mejor dicho esté soñando un imposible. Porque mil veces te he dicho que un angel no debe fijarse en un vil mortal como yo. Y mil veces me he dado cuenta de que es imposible. Mil veces me he retractado de mis intenciones, de mis pensamientos. No te mereces alguien como yo, sino un angel como tú.
Solo el tiempo dará y quitara la razón. Solo el tiempo.
Mientras, muchas gracias, Meli.
Por estar ahi y sobre todo, por saber (o intentar) entenderme
09/02/2005 01:11
