Mientras por competir

Gongora.jpgMientras por competir con tu cabello,
oro bruñido al sol relumbra en vano;
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente el lilio bello;
mientras a cada labio por cogello,
siguen más ojos que al clavel temprano;
y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello:
goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en edad dorada
oro, lilio, clavel, cristal luciente,
no sólo en plata o viola troncada
se vuelva, mas tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.


Luis Góngora

Aqui tenemos la poesía en su estado más perfecto. Aquí el soneto alcanza su mayor perfección y belleza. Y Góngora hace tiempo que lo escribo, allá por los siglos que España todavía amenazaba al mundo pero empezaba a desquebrajarse. Ya ha llovido mucho desde aquello, pero creo firmemente que aquella época fue la mejor de la literatura española. Fue el Siglo de Oro: Cervantes, Calderón, Lope de Vega, Quevedo, etc. En fin, caviar del bueno.

Y no sólo por su perfección de estilo me gusta, sino por el tema a tratar: el tópico latino del carpe diem. Y lo trata de manera distinta a como por ejemplo lo hizo tiempo antes Garcilaso de la Vega (que pronto hablaré de ese poema). Sigue hablando de la juventud como divino tesoro, de aprovechar el tiempo presente, de gozar de la belleza. Y sin embargo, no elude el fin, no elude que la belleza se terminará, que un día todo se apagará y se convertirá en ... nada.

Dicen los críticos que Góngora no es un poeta crítico, que su intención es edificante. Que don Luis nos muestra la realidad, que queramos o no nacemos para morir, que todo tiene un fin.

Y por eso me gusta este poema. Porque no es un canto a la vida, no es un canto a que la vida es hermosa.Sí lo hace, pero nos advierte. Vive pero piensa. Y me parece actual este poema, aunque sea poco conocido o leído. Vivimos en un mundo de oda al presente, de vivir el momento, de desgastar nuestras energias en la juventud, en olvidar que somos mortales, de despreciar la vejez. Y también en deslumbrarnos con nuestra belleza, en nuestra juventud, en no querer ser viejos. Es el mundo de la belleza exterior.

Y sin embargo el tiempo pasa, y de nuevo el presente es pasado. Y la belleza juvenil se convierte en las arrugas vetustas.

Y queramos o no, un día nos moriremos.
07/02/2005 21:54

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