Mi telerrealidad

Hoy ha sido un día raro, de los más raros en mucho tiempo. Y mira que mis días son raros.

Me he levantado tarde, sin ganas de nada. Sólo de seguir durmiendo, de seguir en esa sensación de descanso, de estar fisícamente pero no mentalmente. De esa sensación de tranquilidad, de nada me importa porque yo sigo aquí. Y también de cercanía a algo que me gusta, a algo que un día de estos alcanzaré y entonces no volveré a este mundo.

Y sin embargo, tenía que estudiar. Estaba cansado y somnoliento pero el examen estaba cerca. Y de nuevo no había estudiado demasiado, quizás lo justo para luego llegar al examen y salir adelante. ¿Cómo? No lo sé. Quizás las preguntas sean fáciles, mi capacidad de retención sea alta con poco esfuerzo o simplemente buena suerte. La misma que en otras aspectos de mi vida, me da la espalda, en los exámenes se mete en mi cuerpo y me imbuye la suficiente energía.

Pero he querido revisar algo, lo mínimo para considerar que he estudiado. Eso sí, mientras desayunaba y entre magdalena y magdalena. Me he centrado en aquello que es más complejo, en aquello que debo memorizar horas antes de examen y olvidar mañana. Así funciona el sistema educativo:los estudiantes somos máquinas que memorizamos para el examen y luego olvidamos. Y no he estado mucho tiempo, porque el cansancio, la luz de sol y los deseos de respirar algo de aire me ha imbuido a hacer otras cosas.

Por ejemplo, ordenar la casa, poner la lavadora, etc. Lo que viene siendo las labores de la casa. No soy muy ordenado, pero tampoco vivo en una leonera. Es como siempre, el justo medio para poder vivir y decir que soy un amo de casa apto. A mi tampoco nadie me ha enseñado a hacer nada porque estos conceptos modernos no son transigibles en mi casa.

Y luego ha llegado ese anhelo de irme. De ver un poco la luz del sol, de disfrutar del mundo en la medida de lo posible, de por lo menos caminar un poco y sobre todo pensar. Me encanta pensar y creo que pienso demasiado. Es lo malo de que no te guste la tele, que tienes que pensar y otros no piensan por ti.

Y de nuevo la repetición del ritual diario: comprar el periódico y luego leerlo en la cafetería de al lado con un café con un leche. Y allí están los de siempre, los mismos obreros con las mismas tonterías sobre la pobre camarera. Es guapa, pero no soporto ni entiendo esas hormonas masculinas de obrero español que se convierten en babeantes muchachos cuya única neurona no deja de funcionar. De nuevo, la inteligencia está con los más tontos. En fin, espero que nunca tenga que terminar trabajando en una obra porque no soportaría tanta sensibilidad.

Llega la decisión: comer fuera o en casa. Y esta vez toca comer en casa, con una compra abultada y pocas ganas de hacer la comida. Y mientras la comida se hace, enciendo la tele: unos señores discuten sobre otros señores encerrados en una casa. Eso es telerrealidad, es decir, una visión de la realidad.

Y entonces pienso en mí. Porque esa es mi telerrealidad. Y pienso en ti. En si te gustará todo lo que hago o estoy haciendo, si te estaré agobiando de nuevo. Pero me retracto. Creo en tus palabras, en que te gusta, en tus palabras nuevamente. Porque solamente creo en tus palabras, en esas que nunca mienten aunque me puedan doler. Y me ratifico en darte todo el tiempo del mundo. Porque no me gusta hacerte daño.

Y ahora sí, creo en la telerrealidad. Pero en la mía, en la que me toca vivir
02/02/2005 21:50

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Autor: Meli

Claro que lo que escribes le gusta, no es díficil cuando tus pensamientos fluyen convirtiéndose en palabras, tus sentimientos se convierten en elementos tangibles al corazón...a este corazón que cada noche lee tus pensamientos plasmados en un trozo de la red internauta, un abrazo

Fecha: 02/02/2005 22:43.



Autor: Laura

claro que gusta lo que escribes, de hecho me gusta mas el que escribe aqui, que en otros lugares...

Fecha: 05/02/2005 02:49.


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