El descanso
Para mí la muerte, juez
no es como para ti, un horror
un miedo, espanto
a un putrefacto cadáver,
y carne descompuesta.
La muerte para mí es un ansia,
un tierno deseo de quien está cansado
y busca una amable y fresca sombra
para dormir un sueño (1)
Éste es, como algunos supongo ya habrán adivinado, un poema de Ramón Sampedro. De nuevo Ramón Sampedro ha llamado a mi puerta, a mi corazón y me ha despertado. Es tremendo, como éste hombre, tetrapléjico, inmóvil tenía una aureola y carisma que impregnaba a todos: su cuñada, hermano, padre, sobrinos, periodistas, visitantes y algunas amigas (como Ramona Maneiro).
Mar adentro lo ha hecho si cabe, más famoso. Pero Ramón Sampedro era ya alguien antes de la película, con ese memorable reportaje para Linea 900 en el que pedía, incluso suplicaba, su muerte. Pero no muerte, como bien dice en este poema, como la podemos ver nosotros; es una muerte salvadora, una muerte que lo lleve de su cama, de su prisión y, volando, a través del mar, lo deje en un lugar bonito (quizas el paraiso) para descansar, para dormir.
Hace años, cuando lei el libro de Ramon Sampedro y lei este poema, no entendi la alegoría del sueño. ¿Por qué a dormir? Pero con el paso de los años, me he dado cuenta de por qué lo dice, porque habla de ese descanso. En aquellos años pensaba que después de la muerte habría otro mundo, algo más; no entendía que mi vida se terminaría con ésta, me sentía estafado.
Pero los años han pasado, y ahora tengo otra perspectiva. Me sigo sintiendo estafado con este mundo (ahora por otras razones), pero no pienso que habrá después de la muerte. No creo en el más alla, no creo que haya nada más que la muerte misma, el descanso. El descanso parecido a las horas de sueño sin sueño, sin nada, vírgenes.
(1) Cartas desde el infierno Ramón Sampedro
no es como para ti, un horror
un miedo, espanto
a un putrefacto cadáver,
y carne descompuesta.
La muerte para mí es un ansia,
un tierno deseo de quien está cansado
y busca una amable y fresca sombra
para dormir un sueño (1)
Éste es, como algunos supongo ya habrán adivinado, un poema de Ramón Sampedro. De nuevo Ramón Sampedro ha llamado a mi puerta, a mi corazón y me ha despertado. Es tremendo, como éste hombre, tetrapléjico, inmóvil tenía una aureola y carisma que impregnaba a todos: su cuñada, hermano, padre, sobrinos, periodistas, visitantes y algunas amigas (como Ramona Maneiro).
Mar adentro lo ha hecho si cabe, más famoso. Pero Ramón Sampedro era ya alguien antes de la película, con ese memorable reportaje para Linea 900 en el que pedía, incluso suplicaba, su muerte. Pero no muerte, como bien dice en este poema, como la podemos ver nosotros; es una muerte salvadora, una muerte que lo lleve de su cama, de su prisión y, volando, a través del mar, lo deje en un lugar bonito (quizas el paraiso) para descansar, para dormir.
Hace años, cuando lei el libro de Ramon Sampedro y lei este poema, no entendi la alegoría del sueño. ¿Por qué a dormir? Pero con el paso de los años, me he dado cuenta de por qué lo dice, porque habla de ese descanso. En aquellos años pensaba que después de la muerte habría otro mundo, algo más; no entendía que mi vida se terminaría con ésta, me sentía estafado.
Pero los años han pasado, y ahora tengo otra perspectiva. Me sigo sintiendo estafado con este mundo (ahora por otras razones), pero no pienso que habrá después de la muerte. No creo en el más alla, no creo que haya nada más que la muerte misma, el descanso. El descanso parecido a las horas de sueño sin sueño, sin nada, vírgenes.
(1) Cartas desde el infierno Ramón Sampedro
26/01/2005 21:17
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Autor: Laura
MAS NADA ocurre, no, sólo este sueño
desorbitado
que se mira a sí mismo en plena marcha;
presume, pues, su termino inminente
y adereza en el acto
el plan de su fatiga,
su justa vacación,
su domingo de gracia allá en el campo,
al fresco albor de las camisas flojas.
¡Qué trebolar mullido, qué parasol de niebla,
se regala en el ánimo
para gustar la miel de sus vigilias!
Pero el ritmo es su norma, el solo paso,
la sola marcha en círculo, sin ojos;
así, aun de su cansancio, extrae
¡hop!
largas cintas de sorpresas
que en un constante perecer enérgico,
en un morir absorto,
arrasan sin cesar su bella fábrica
hasta que —hijo de su misma muerte,
gestado en la aridez de sus escombros—
siente que su fatiga se fatiga,
se erige a descansar de su descanso
y sueña que su sueño se repite,
irresponsable, eterno,
muerte sin fin de una obstinada muerte,
sueño de garza anochecido a plomo
que cambia sí de pie, mas no de sueño,
que cambia sí la imagen,
mas no la doncellez de su osadía
¡oh inteligencia, soledad en llamas!
que lo consume todo hasta el silencio,
sí, como una semilla enamorada
que pudiera soñarse germinando,
probar en el rencor de la molécula
el salto de las ramas que aprisiona
y el gusto de su fruta prohibida,
ay, sin hollar, semilla casta,
sus propios impasibles tegumentos.
desorbitado
que se mira a sí mismo en plena marcha;
presume, pues, su termino inminente
y adereza en el acto
el plan de su fatiga,
su justa vacación,
su domingo de gracia allá en el campo,
al fresco albor de las camisas flojas.
¡Qué trebolar mullido, qué parasol de niebla,
se regala en el ánimo
para gustar la miel de sus vigilias!
Pero el ritmo es su norma, el solo paso,
la sola marcha en círculo, sin ojos;
así, aun de su cansancio, extrae
¡hop!
largas cintas de sorpresas
que en un constante perecer enérgico,
en un morir absorto,
arrasan sin cesar su bella fábrica
hasta que —hijo de su misma muerte,
gestado en la aridez de sus escombros—
siente que su fatiga se fatiga,
se erige a descansar de su descanso
y sueña que su sueño se repite,
irresponsable, eterno,
muerte sin fin de una obstinada muerte,
sueño de garza anochecido a plomo
que cambia sí de pie, mas no de sueño,
que cambia sí la imagen,
mas no la doncellez de su osadía
¡oh inteligencia, soledad en llamas!
que lo consume todo hasta el silencio,
sí, como una semilla enamorada
que pudiera soñarse germinando,
probar en el rencor de la molécula
el salto de las ramas que aprisiona
y el gusto de su fruta prohibida,
ay, sin hollar, semilla casta,
sus propios impasibles tegumentos.
Fecha: 29/01/2005 01:52.
